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Amores tóxicos; ni contigo ni ti 

“Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio ” es el título de una copla que narra los amores tormentosos de una pareja. Deseando estar juntos para cuando están, estallar y separarse; luego se añoran, se juntan y entran en bucle.

No sabríamos explicar que les pasa. Hay personas que necesitan de emociones fuertes y revivir continuamente el momento pasional del enamoramiento, el cortejo. Eso lo manejan bien. Lo que no pueden soportar es la intimidad. En cuanto la emoción se atempera y entran en la rutina de la vida cotidiana, se agobian y chocan, separándose sin más.

Entonces, empieza el vaivén. Les asusta la soledad, se echan de menos. No se dan tiempo. Como sus relaciones son tan intensas no saben como llenar ese vacío. Se idealizan. Recuerdan solo lo bueno, la seducción del cortejo y con ella en la retina, vuelven a reanudar su relación. Así, hasta la próxima crisis.

Es que las reconciliaciones son tan buenas… ¿Y el desgaste emocional? ¿ Evolucionan como pareja, como seres humanos? ¿Tienen proyectos en común? ¿ Trazan un horizonte para su relación? . En definitiva:        ¿ Están juntos o no?

Así no se puede vivir, pero ellos viven. Y así va les va pasando el tiempo, en continuo carrusel . Y así ,pueden pasar 10 años.

No existe una sola explicación para este comportamiento. Lo que si parece lógico es que si una pareja funciona en modo crisis-reconciliación-crisis es que necesitan ayuda. O bien para establecer una relación realista o bien para romper. Las parejas deben fluir aunque tengan dificultades ocasionalmente. Si su convivencia es una continua vorágine, quizás no encajen como pareja o quizás necesiten aprender a encajar.

El primer tópico que se debe romper es que un compañero nos va a llenar por completo. Hay quien realiza unas demandas omnipotentes a su cónyuge, pero las cosas no funcionan así. Nadie es perfecto. Nadie cumple totalmente las expectativas de otro, por lo que hay que aprender a no esperar tanto, a aceptar cierta dosis de decepción y a complementar las carencias con otras fuentes como amigos, hobbies, vida interior…¡ qué daño nos hizo el mito del príncipe azul ¡

A convivir se aprende. Dejando al lado los modelos familiares y apostando por una situación nueva sin prejuicios ni comparaciones. Así como aprendiendo a gestionar las dificultades. Es eso de cogerle el punto y echar cosas a la espalda.

También es verdad que si bien todos tenemos defectos, los hay que molestan más. Y eso tiene que ver con los valores de cada uno, de forma que unos soportamos unas maneras de ser que otros rechazan frontalmente. Y viceversa. No podemos aunque queramos porque nos chirrían. Es eso de estar en la misma o diferente onda.

Y una cosa es que una pareja que alguna vez funcionó se rompa desgastada por el tiempo o por cualquier otro factor y otra muy distinta que estemos empeñados en llamar pareja a lo que es una relación inestable desde el principio.

En ocasiones nos aferramos con tanta ansiedad al otro que olvidamos la poca felicidad que nos da y es que nos hemos  quedado enganchadas al hombre que nos sedujo sin darnos cuenta que en realidad es el mismo que ahora no nos respeta; ésta es su cara cotidiana, lo otro fueron las plumas del pavo real desplegadas para seducir. O queremos que vuelva esa mujer tan cariñosa, obviando que sólo lo fue al principio porque en seguida se volvió despreciativa.

Tan malo es arrojar la toalla a la primera como empeñarse en encajar de cualquier forma por huir de la soledad.

Una pareja ha de establecerse bajo el enamoramiento, pero ha de pasar a la complicidad y al compromiso. Esos son los pilares en menor o mayor medida sobre los que se asienta. Y tiene que fluir, luego la vida ya le irá dando dificultades, pero si ya de principio tiene muchas…. o se comprometen a resolverlas o si, tras un tiempo prudencial no tira, no tira.